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01 de julio de 2016

¿Qué es en realidad la “nube”?

La nube, o cloud, en términos computacionales, se refiere a la vaga idea de que nuestros archivos están “flotando” sobre nosotros y que podemos acceder a ellos desde cualquier lugar o dispositivo conectado a internet, y la verdad es que esto no es tan así. Se trata preferentemente de una manera de presentar la realidad mejorada o aumentada.

Existen estructuras físicas; “servidores” donde se aloja toda esta información. La forma más común es utilizando la expresión “datacenter”, una edificación donde se alojan decenas y hasta miles de servidores en racks. Estas granjas de datos por lo general suelen ser muy seguras, tienen sistemas contra incendios, acceso restringido, mantenimiento de temperatura, conexión a internet redundante y sistemas de alimentación alternativos para los cortes eléctricos. Esta seguridad del almacenamiento de datos en la nube suele ser citada como su principal ventaja.

Estas granjas de datos no son propiedad de los titulares de los datos que almacenan, sino que sus dueños son, generalmente, grandes empresas del rubro, como Apple, Google, Amazon o Microsoft, por dar sólo los ejemplos más comunes. Al almacenar información en la respectiva nube de una de estas empresas, se le está entregando en custodia dicha información.

¿Cómo afecta esta forma de almacenamiento la titularidad y confidencialidad de los datos? La regulación nacional no lo deja del todo claro ni parece ser de mucha ayuda, pues la regla general que fija la Ley sobre Protección de la Vida Privada es que, habiendo autorización expresa del titular de los datos, se permite el tratamiento de éstos. Entonces, dado que los servicios de almacenamiento de información en la nube todos cuentan con términos y condiciones, dentro de los cuales existen amplias cláusulas sobre el tratamiento de datos, que el usuario debe haber aceptado para poder hacer uso de estos servicios, existe la autorización expresa que exige la Ley.

Además, se hace muy complejo litigar al respecto, dado que muchas veces los servidores están fuera de los territorios donde se pueden estar buscando datos por algún motivo. En la práctica, si la policía quiere investigar los datos que se encuentran guardados en el disco duro de un computador personal, necesita de una orden judicial que se lo autorice. En cambio, para investigar datos guardados en la nube, generalmente las empresas facilitan la información a las autoridades gubernamentales sin más trámite. Google cada cierto tiempo entrega reportes de transparencia donde esta práctica queda a la vista.

Quizás una de las partes más complejas de la aparente abstracción de la nube sea el fin real de la utilización de esta, porque la mayoría de los servicios son gratuitos hasta cierto punto (por regla general, un volumen de datos que supere un umbral determinado), donde se debe empezar a pagar a la respectiva empresa por almacenar información en sus servidores.

Esta información que, como ya se mencionó, el usuario del servicio ha autorizado expresamente a compartir con esta empresa cuando aceptó los términos y condiciones de uso del servicio. Cabe destacar además que estudios indican que al indicar haber “leído y aceptado los términos y condiciones del servicio”, sólo el 17% de las personas verdaderamente lo han hecho. Así, se suele entregar a las empresas el acceso a los propios datos sin mayor reflexión, accediendo así al uso de esta “big data” para vender ads y publicidad a la medida de los contenidos de la información, y de los intereses del usuario detectados en base a ello.

Todo esto no significa que se deba dejar de utilizar esta herramienta que tiene muchas ventajas dada su seguridad, practicidad y (por regla general) gratuidad. Sin embargo, es importante concientizar a las personas sobre el real significado del uso del almacenamiento de datos en la nube y las consecuencias que ello puede tener en términos de su privacidad y la protección de datos personales. Se deber tener en claro que la nube no es algo mágico y benéfico flotando encima de nuestras cabezas; es un negocio, y uno muy lucrativo por lo demás.

Fuentes:

TELURA, dataprius, pcmag, gizmodo y adweek.

 

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